miércoles, 23 de octubre de 2013

Los Cavernicolas de Ellora: Cuentos del templo III (Antología)

Los Cavernicolas de Ellora: Cuentos del templo III




Esta Antología contiene:

La ley del lobo - Cheyenne McCray
Dulce escarlata - Anya Bast
La liberación de los escritores - Diana Hunter
Esperando - Mary Wine
Presa del raptor - Delilah Devlin
Mirones: Sobreexpuesta - Sherri L. King

Soñé con él. Mi guerrero de la oscuridad.
Con la fuerza de sus invocaciones, me sacó de un sueño muy profundo. Con los dedos de los pies hundiéndose en calor, me encontré en una cresta de arenas movedizas… estaba roja como el planeta Marte y ardiente como la ira de su mirada. Y desnuda. Otra vez.
Los rayos de un sol anaranjado caían sobre mi piel. El viento levantaba mi cabello y hacía que rozara mis pezones. Aún sabiendo que estaba enojado, mi estómago se tensó y mis senos se pusieron tersos por el deseo. Su mirada era penetrante, sus ojos dorados recorrieron mi cuerpo y se clavaron en él como un conejo entre las garras de su raptor. Y sin embargo, deseaba enredar los dedos en su largo cabello oscuro y acercar su boca a la mía. Me había enseñado a anhelar el sabor de sus labios.
“No debería estar soñando”, dije sin aliento, expectante por la nueva maravilla sensual que exploraríamos.
“¿Estás soñando?”. Su voz profunda retumbó, pero sus labios no se movieron. Estaba quieto como una estatua y yo seguía desnuda. Excitada.
“Debo estar soñando. ¿Cómo estoy aquí contigo si no es un sueño?”. Envalentonada por la idea de que en mi sueño era libre de explorar mi fantasía, me acerqué para tocar su rostro. Él ni se movió mientras yo rozaba su piel caliente por el sol y le acariciaba suavemente los pómulos salientes y la nariz notablemente marcada. Mis dedos se detuvieron en su boca y deslicé el pulgar sobre su labio inferior haciendo presión. Él me acarició el dedo con la punta de la lengua y yo suspiré, mientras imaginaba su calor húmedo incitando las puntas endurecidas de mis senos.
Su expresión no cambió y no apartó su mirada de mi rostro como si estuviera evaluando mi reacción. El brillo calculador de sus ojos marrones me detuvo por un momento.
“Si esto es un sueño, ¿por qué no me das lo que pido?” me preguntó. “¿Qué tendría de malo?”.
Extracto de "Presa del raptor" - Delilah Devlin